miércoles, 29 de julio de 2009

Un amor es como el tiempo y la mierda....



Por la ventana EL miraba el reloj de de la antigua iglesia que nos legaron los españoles. Lo miraba sin el presagio funesto de llevar eternamente la hora exacta en que moriría, pues siempre era la seis y cincuentaisiete. Se descompuso en el preciso instante en que el lo miro aquel atardecer limeñoso de su llegada a la pensión de doña Concho hacia mas de tres años, desde su pueblo, huayhuamachay directamente a la pensión. Compartía el cuarto con Aureliano, un joven talareño que era dueño de un carisma desbordante. Fue aureliano quien lo orillo a ser feliz, aunque no por siempre ya que en Lima esta prohibido engañarse.

Bajaron a la cocina donde ya se encontraba Javier quien era todo lo contrario de aureliano; solamente lo escuchaban al momento de despedirse con un hasta luego de doña concho, a ellos solo les mendigaba un escueto movimiento de cabeza.

La San Marcos representaba la nueva, lúgubre y aburrida arquitectura limeña. Aureliano no perdía la ilación de sus palabras mientras cruzaba la avenida Universitaria plagada de combis semejantes a espectros matinales capaces de traspasar cuerpos sólidos. El modo de usar las palabras hacían de aureliano una persona diferente, pues nunca se le escucho lisura alguna. Siempre dijo que eran palabras hermosas, en una sola de ellas podían caber un abanico de sentimientos, rencores, odio, desprecios, podían inventar a la muerte, eran ubérrimos del amor o la catarsis de una maldita vida

En la ventana de su salón se quedo observando a las nubes desaparecer en el limbo de la realidad. De pronto, a través de del bosque de árboles magros, una mujer de lejanos ojos negros. Empezó a buscarla con la mirada a pesar de que el traidor que latía en su pecho la había encontrado primero. Diviso a una cuadra de distancia la tranquilidad, la dulzura y la muerte junto a ella.

Y ella contemplaba las mañanas finales de junio. Desde hacia tiempo era una mujer en los diecinueve años de su inacabada existencia. El estudiar psicología era uno de sus sueños imposibles que estaba llevando a cabo. Nunca le gusto que le enseñaran; cuando aprendió a leer devoraba desde libros de asimos , hasta los cuentos terriblemente reales de Ribeyro. A los diez años leyó a Nietzsche y por una semana creyó que el filósofo alemán era Dios.


En la primera noche luminosa de ilusión el recuerdo, la imagen distante de ella, la cercanía rayante de una inescrutable angustia lo habían extenuado tanto, que el no podía dormir. Creía verla en las sombras de lo oscuro, en la piel debajo de sus párpados; la recordaba en el olor a polvo, ese que habita las madrugadas y espera el primer rayo de nuestra estrella para escapar por las ventanas. En su segundo sueño, el cual no recodaría hasta minutos antes de morir, seria triduano a pesar de durar solo veintisiete minutos. La primera mañana de su sueño el se encontró en un parque de Lirios con una laguna artificial en el centro. Sintió una ausencia de aire que se acrecentaba directamente con el tiempo. Busco un lugar donde refrescarse y corrió hacia el lago y en sus aguas observo el dogal que llevaba en el cuello .El extremo de la soga se extendía hasta perderse en las nubes. Al atardecer del segundo día trepaba un cerro formado por pequeñas piedras que eras esferas perfectas. El lo escalo con sus pies desnudos, los callos le servían para aferrarse mejor a la vida. Al llegar a la cima atisbo una ciudad fabulosa porque a la distancia los gritos de la vida y la muerte sonaban iguales. Sintió felicidad y nostalgia al mismo tiempo por el abandono de esa vida hermosa, cuando salto al abismo oscuro que se encontraba al otro lado del cerro. Antes de morir con el cráneo reventado, sintió el caer en el lecho de la tercera madrugada de su sueño. Ahí despertó al lado de una mujer que se dejaba ver hermosa por el reflejo de las dos lunas sobre su rostro y hasta dejaba ver su nombre, Sandra. Se levantó, bajo al primer piso, hasta la cocina sin saber bien que buscaba, hasta que al fin un cuchillo. Se dirigió al cuarto de su hija Alejandra, le puso la almohada en la cara y despacio casi con amor, le corto el cuello. Se siguió soñando de regreso a su cuarto, donde dormía la despreocupada Sandra. Sentado encima de ella la despertó de una cachetada, la despertó para que sintiera la muerte y no fuera sorpresa el despertar en la nada. La dejo gritar cuando hundió el cuchillo trece veces en el calor de su vientre, hasta que en lugar de sonidos de su boca la espesura caliente de esa sangre de amor. Luego fue a la sala, cargo su revolver y se apuntó al boca. El sonido de de la pólvora con el acero hizo que se trasladara a su tercer sueño, donde luego de tres minutos escucho siete campanadas.

Era la enésima vez que "cocoa " entraba a robar en la pensión de doña concho buscando el supuesto tesoro que la pensionista escondía bajo su cama. Se metió por el tragaluz del techo, pero cayo haciendo demasiado ruido y EL salió de su cuarto a enfrentar al ladrón que ya mostraba su navaja. En el forcejeo Cocoa soltó el arma y EL la levanto y de un certero navajazo le corto el pómulo derecho. Maldito serrano estas muerto dijo cocoa antes de escapar.Se despertó y a pesar de haber dormido diez horas y veintitrés minutos, el estaba bastante cansado. No tenia deseos de levantarse, esperaba que el destino de su amor irrenunciable con ella, lo cogiera desprevenido. Pensaba en lo fácil que es extrañar a quien s conoce, a quien esta lejos, ausente y lo comparaba con su sentimiento al mirar el techo; como la extrañaba a pesar a pesar de la seguridad de verla dentro de pocas horas, al esperar ese momento en que el sol naranja de la avenida veintiocho de Julio cayera sobre su tarde de amor, como la extrañaba a pesar de haberla visto solo un instante, a pesar de e no conocerla a pesar de amarla.Aureliano se impresiono por la manera en que EL hablaba de esa mujer desconocida a la hora del desayuno. Luego trato de hacerle entender que por más que sea mujer jamás será perfección. Entonces sucedió; Javier, que siempre se había mantenido alejado de sus conversaciones por más que se sentaba a desayunar con ellos, dijo lo que el recordaría momentos antes de morirse:un amor es como el tiempo y la mierda...pasa.

Por la ventana de la línea 37 EL vio la hondonada de los acantilados que demarcan el rió Rimac lleno de copiosas cantidades de basura donde los chancheros se peleaban con niños famélicos por los alimentos semicomidos; miraba luego hacia la otra ventana, veía el amanecer de esa nueva semana en medio de nubes rojas y púrpuras , y la nube oscura de su memoria lo llevaba de regreso al domingo , a ese ayer de desesperante indolencia; y pensaba Si Dios no hubiera descansado el domingo , ayer la hubiera visto en la universidad. También la recordó en esa tarde-lunes, en esa ausencia de ilusión, cuando la busco luego de comer con Aureliano. La encontró, pero no pudo acercarse; su belleza, por un motivo que se le escapaba, le traía un sentimiento de horror a su mente y creyó que se trataba de del miedo natural al encontrar a la mujer; ese miedo a no pertenecerse y así se mantuvo engañado. Quiso encontrarla ese martes arrepentido cuando decidió ser un hombre, pero se detenía para verla a lo lejos ya cuando la tarde moría en su espalda. El miércoles perdido del calendario por que ella no existió. Solo el jueves, triste y gris, con su inútil recorrido de salones de las cuatro y treinta y dos, la trajo. EL decidió hablarle al día siguiente.

ELLA se quedo dormida sobre el sillón de mimbre que se hallaba en al estancia de su casa. En su sueño el la salvaba de una muerte inesperada a manos de un loco. Le detuvo la mano al orate y con la otra puesta en la cara le hundió los dedos índice y pulgar en los ojos. Cuando el agresor noto la ausencia de sus globos oculares, pues creía que su ceguera se debía a la oscuridad, corrió despavorido tanteando las paredes del pasadizo para luego desnucarse al caer por la baranda del segundo piso. Cuando su salvador se acerco y la abrazo ella pudo notar su rostro. Todo se volvió negro luego, ahí recién ELLA se dio cuenta que habían pasado más de dos horas y que la noche hacia circular la oscuridad por la estancia; ya había despertado.

La vio tan cercana que se acordó de las noches en huayhuamachay , sin electricidad; esas noches de trece años cuando salía al campo y observaba las estrellas que nunca descubrirían los astrónomos del monte Palomar, dándose cuenta de su insignificante existencia. Se alejo de su espacio, de su aire, refugiándose en el ocaso de la desesperanza de un hombre sin fe pero con religión. Cuando se marchaba imagino que los ojos de ELLA miraban el vació que su cuerpo ocupaba en la ciudad.Cuando lo vio pensó que se había quedado dormida. Era su salvador, con el que había soñado anoche. los envases plásticos de gaseosas, que momentos antes albergaban una sospechosa mezcla de licores , surcaban el cielo conjugando perfectamente con el jaleo de la verbena de socialesEL volvió a buscar esos ojos, a buscar el pretexto para el insomnio que lo acosaría esa madrugada, pero solo veía colores, nunca el negro; se quiso consolar viendo hacia arriba, viendo la tarde perseguida eternamente por su noche, que para su mala suerte se encontraba cargada de estrellas; no pudo encontrar a la mujer. La busco atrás de cada una de las tres marías, vio hacia Venus que flotaba en la tarde casi muerta y solo encontró la soledad, su soledad, en el centro de la cruz del sur.

Hola cuantas estrellas se te han perdido esta noche- le preguntó ELLA

Solo las que brillan en tus ojos - le respondió EL.

Las mariposas dormían en los árboles de la plaza cívica esperando la muerte. EL se había alejado de la verbena de sociales. En el silencio escucho esa voz curiosa, al voz que se hacia mas fuerte en sus recuerdos. Sin bajar la mirada le respondió y se encontraron a setenta y ocho años-luz en Aldebarán, hablando sobre el cometa que en menos de doscientos años chocara con la tierra. Bajaron las miradas; ELLa para borrar la imagen de salvador que tenia de EL y así poder enamorarse bien; y el para capturarla tranquilidad de una amor verdadero.Se miraban bajo la lluviamentira de esta ciudad. El observo sus ojos que habían surcado más de mil veces los campos secos de su mente con el arado del recuerdo. ELLa vio un propio recuerdo; el de sus doce años, una madrugada hablando con su primer enamorado. La excitación, ese miedo de ser sorprendida por su padre se le volvía al pecho.

-¿Te enamoraste alguna vez?

-Si, de Celia, en huayhuamachay. Mas me enamore de su esencia .Pasábamos noches enteras conversando. La admire por todo lo que me enseño, todo lo que sabia le había costado noches de sexo extranjero. Antes, durante y después de hacer el amor con argentinos y españoles, ella les preguntaba sobre literatura, arte, cine. Siempre se resistió a hacer el amor conmigo. Me decía que se había enamorado de mí su amor castraba a su sexo. Luche durante madrúgales meses con mis manos ásperas de campo sobre sus senos, con mi lengua caliente de saliva dentro de su oreja y con mi pierna entre los jirones de su sexo. La madrugada del día en que vine a estudiar a Lima hicimos el amor por primera y última vez. Al amanecer solo me quedo el rastro de su cuerpo silvestre sobre la sabana. No la vi. Hasta hace unos mese cuando fui de vacaciones a Huayhuamachay y me contaron que estaba grave en el hospital del pueblo. Cuando la vi. Tan delgada, con esas costras en su rostro, esas manchas moradas sobre su pecho, esos párpados inflamados y su tos de escupir sangre, pensé que la mujer ya no existía. Pero cuando le hable Celia se trastoco al ser que siempre había sido, esa bella mujer unida inextricablemente mis recuerdos de esas rurales madrugadas. Le prometí que cuando sanara la llevaría a conocer la luna roja de Barranco en la madrugada.

-Una vez existieron dos amantes, Eudeor y Berenice. La noche en que iban a amarse por primera vez se les presento un ángel ciego y les dijo que luego de disfrutar el pecado original, el ultimo que despertara ala amanecer nunca volvería a amar. Esa noche no durmieron, no hicieron el amor. Hasta que Eudeor ideo dormir en las mañanas y despertar en las tardes. Desfogaron su sexualidad reprimida durante mucho tiempo, haciendo el amor todas las tardes, en todos los lugares. Tiempo después fueron a un festival en el pueblo, bebieron tanto que no se dieron cuenta ni cuando se quedaron dormidos en su lecho luego de un sexo de cuarto de hora. El se despertó y se dio cuenta del atardecer, pero se aterro al darse cuenta que en vez de oscurecer todo se volvía mas claro. Cuando se dio cuenta que estaba amaneciendo desesperadamente quiso volver a dormir pero ya era tarde. Cuando se echo sobre la cama Berenice recién despertó. Ella al ver que despuntaba otro lunes cansado, se resigno y con sus ojos le dio el consentimiento a Eudeor. El cogio una bolsa, le dio un beso que por supuesto no fue correspondido y el ahogo. A Eudeor ya no lo acosan los fantasmas del recuerdo. Hoy vaga por las calles, sucio, medio desnudo y comiendo basura.

Se acercó, escondida detrás de las nubes de contaminación, la medianoche que acompaño a la despedida. ELLA nunca supo por que con tanto miedo le hizo prometer que mañana se encontrarían en la plaza cívica a eso de las siete de la noche. EL luego la recorrió desde su cabello negro hasta perderse en su boca de ultimo amor con un beso largo, casi eterno. Se acompañaron abrazados aunque no lo necesitaran pues ya eran una solo existencia. Llegaron hasta el paradero de letras; ELLa se subió a la combi de regreso a su casa y se persiguieron con la mirada hasta que la curva de la avenida Universitaria se los permitió.

Aureliano se quedo a dormir en un cuarto de las viviendas que un amigo chiclayano ocupaba en la ciudad universitaria y no llego a la pensión de doña Concho, hasta el final de la tarde, por lo que no se entero que le había sucedido a EL, hasta que alas siete forzó la puerta de su cuarto compartido.

Cruzo la pista y tomo la combi que lo llevaría a la pensión. A tres cuadras de su destino, el verdadero se le cruzo ineluctable. Se ahogo el motor de la combi y todos tuvieron que bajar. EL sin reclamar la devolución de su pasaje enrumbo ala pensión. Iba a llegando a la ultima esquina cuando una voz áspera de cañazo lo hizo detenerse.

-Serrano conchetumadre.

Cocoa le dio un tacle y EL cayó de espaldas a la acera húmeda de polvo; desde el suelo EL le dio una patada en los testículos que hizo arrodillarse a cocoa, El se levanto y le dio un rodillazo en la cara dejándolo tirado en el suelo. EL se dirigió a la puerta de la pensión cuando escucho que alguien apuntaba un arma.-Carajo no pudiste matarme ayer.Sonó el disparo. Estaba a tan solo tres metros de EL y había luz suficiente para matar. Cocoa se consoló pensando que la cocaína había afectado su tino. Se acerco más y volvió a disparar. El se espanto al ver que no tenía daño alguno. Coco se espanto mucho mas soltó la pistola y se fue corriendo. El recogió el arma y se dio cuenta que en el tambor faltaban dos balas. Se acordó de ella y por enésima vez se dirigió al la pension. Llego a su cuarto y con la ropa puesta se dispuso a dormir, no por cansancio sino para soñar con ELLA.

Despertó y se preparo para ir a la universidad. Los minutos pasaron y le extraño que el no presentara su resplandor de gris otoño. Escucho ruidos que le son extraños al amanecer; niños gritando aves silenciosas. Se asomo por la ventana y los ruidos convertidos en nefastas imágenes le dejaron saber que había dormido más de dieciocho horas. Recordó su cita, pero también apareció el recuerdo de esa pesadilla en que mataba a su amor a ELLA, a Sandra.Buscaba y encontró el método en su escritorio.

El arma que no lo había matado ahora si lo haría. El frió color gris de la punta del revolver sobre su paladar lo engaño con imágenes. Recordó a su madre que bajo la luz de la lámpara de kerosén estaria tejiendo canastas de mimbre para venderlas mañana en el mercado de huayhuamamchay; a Celia, que a esa hora de la tarde ya habría muerto de sida en el hospital. La imagino a ELLA a Sandra sana y salva, sentada en un banco de la plaza cívica esperándolo. Se vio reflejado en el cuento que ella le relato y lanzo su ultima sonrisa a esa tarde en fuga. Se acordó en el ultimo instante de las únicas palabras de Javier y encontró consuelo, una explicación a lo que iba a evitar.

Aureliano escucho un ruido. El que debe hacer un proyectil de acero caliente al introducirse en la bóveda craneal a una velocidad espantosa, destrozando la masa encefálica gris-rosácea y escapando al romper el hueso occipital izquierdo. La bala cruzo la avenida universitaria y murió en el mecanismo del reloj de la iglesia que en ese mismo instante volvió a funcionar.Sandra se sentó en una banca de la plaza cívica. Seis años después se caso con Antonio y murió desnucada en el baño de su residencia cuando hacia un mes había cumplido 89 años.

Aureliano empujo con miedo de certidumbre la puerta. Adentro vio el cuerpo de su amigo sobre el suelo, con una sonrisa que lo siguió hasta que lo enterraron. En sus pupilas muertas vio una imagen y espero hasta los setentaitres años donde le dio gracias al alzheimer por hacerle olvidar el icono funesto grabado en los ojos muertos de Alejandro. Ninguno de nosotros le creímos a Aureliano cuando nos contó que en esa imagen la vio a ELLa, echada en una cama, apuñalada repetidas veces; Juró que era ella, Sandra; y que un hilo de sangre emanaba de su cuerpo inundando de un caudal granate espeso los globos oculares de Alejandro. Luego de tres minutos se escucharon siete campanadas.